sábado, 28 de febrero de 2009

Ensayo: "La escuela hoy: ¿conductista o constructivista?"

Por RM

En la actualidad, se supone que la mayoría de las escuelas plantean una enseñanza diferente a la de hace años atrás.

En realidad, y al ingresar a las instituciones escolares podemos darnos cuenta de que ese planteo es totalmente falso.

Esa “nueva enseñanza” se basa en el enfoque conductista, aquel que por años predominó en las aulas y en los cuadernos de los alumnos, y que sigue vigente actualmente, aunque hoy en día se hable de una enseñanza desde otra perspectiva: la constructivista.

Cuando hablamos de conductismo debemos referirnos a aquella situación de enseñanza en la que el alumno es un sujeto pasivo, que debe estar dispuesto a recibir el conocimiento que le transfiere el docente, ya que este tiene el “saber único”. En cambio cuando hablamos de constructivismo debemos remitirnos a situaciones didácticas en la que el alumno es activo, crítico y reflexivo, partícipe en la construcción de su propio aprendizaje, en la que se tienen en cuenta sus saberes previos y su contexto.

Si nos basamos en la enseñanza de la lengua, fundamentalmente, ya que es una de las disciplinas más importantes, debido a que nos permite desenvolvernos en la sociedad, podemos hablar de dos concepciones la que sustentan.

Una de éstas y la que más se ve en las escuelas es la “concepción transcriptivista de la lengua escrita”, la cual consiste según esta idea en la trascripción de la lengua oral. Es decir que basta con aprender la relación sonido/letra para saber escribir, lo que origina el supuesto de que si sabemos hablar sabremos escribir. Por esto es que se habla de un principio de paralelismo perfecto, a cada fonema le corresponde un grafema. La idea de que la lengua escrita es trascripción de la lengua oral origina la lectura como decodificación, pues si sabés las letras y las asociás a los sonidos y estos al significado, indicaría que sabés leer; ahora bien, el paralelismo trae como consecuencia la ausencia de reflexión sobre las particularidades de la escritura.

Tomando como referencia mis observaciones durante la etapa de residencia puedo afirmar que lo que se enseña en la escuela en el área de lengua no tiene nada que ver con la vida cotidiana de los alumnos. Específicamente lo que se lee en el aula es descontextualizado, se plantean situaciones con un objetivo explícitamente pedagógico: “oralizar”, para asegurar la conexión sonido-grafía. Es decir que los sujetos deben repetir hasta el cansancio, “en voz alta”, la “lectura” que les da la maestra.

Esa lectura no tiene relación con los niños, no les sirve para comunicarse y desenvolverse en la sociedad, ya que lo que se enseña es una lengua fragmentada, descontextualizada, ajena, sólo utilizable en el ámbito escolar.

Lo contrario de lo que se vivencia día a día en la escuela es lo que se pretende desde la “concepción NO transcriptivista de la lengua escrita” y que hace referencia a ésta como código independiente, caracterizado por un conjunto de particularidades que lo definen como tal, como lo son: la cohesión, la coherencia, la adecuación, la sintaxis y la ortografía. Esto es lo que Cassani denomina “lenguaje de la escritura” y lo que distingue la lengua escrita de la oral.

Basándonos en esta última concepción de la lengua podemos hacer referencia a lo que plantea Josette Jolibert en el libro: “Formar niños lectores de textos”. Esta especialista, que tanto hemos leído durante este año en el profesorado y al cual no le encontraba sentido en un principio; plantea una “alfabetización inicial” distinta de la que se realiza en la escuela. La cual se basa principalmente en el trabajo con “proyectos”, y que a diferencia de la concepción transcriptivista que arranca desde letras y sonidos, supone una situación de comunicación real, con un emisor y receptor, un contexto y un propósito comunicativo. Hace referencia a la lectura, no como una “decodificación” de la lengua escrita sino como una “construcción de sentido” a la que se llega a través de la “interrogación del texto”. Cuando se habla de “interrogación”, la autora se remite a un encuentro con el escrito, en el que el alumno debe poner en funcionamiento lo que Smith denomina la “información no visual” que trae consigo y la “información visual” que le provee el texto. Además debemos decir que Jolibert propone “siete niveles” para la “construcción de sentido”.

Cuando hablamos de “texto” nos referimos a un “escrito complejo y completo” y no a una mera sumatoria de elementos (letras, palabras, oraciones).

Si hablamos un poco de la escritura y de la lectura desde lo que propone y lo comparamos con lo que se plantea desde la “concepción transcriptivista de la lengua escrita” podemos llegar a la conclusión que la primera parte de un “todo” como son los textos, teniendo en cuenta en las situaciones de lectura y escritura toda la complejidad de la comunicación escrita, o sea: su contexto, el propósito comunicativo, el tipo de texto, la superestructura, la lingüística textual, la de la frase y por último las palabras y las micro estructuras (grafemas) que la componen y la perspectiva transcriptivista arranca por el último nivel y se queda ahí.

Según la escritora nombrada anteriormente, los niños pueden leer y escribir sin saber todas las letras, sin decodificar letra por letra, es decir que se utiliza la “hipotetización”.

Al leer el material del Dossier de la cátedra de Lengua III y el Apoyo a la Residencia, pensé que lo que se planteaba sobre una nueva concepción de la enseñanza de la lengua era imposible debido a la situación de la escuela actual, además esto se veía influenciado por la experiencia de aprendizaje que tuve durante la primaria y secundaria, la cual se había convertido en una tortura para mí. Pero al tener el primer encuentro con una ex alumna del profesorado Alejandra Levrand me pareció maravilloso conocer todo lo que planteaba que sus alumnos podían realizar. La verdad es que me entusiasmé muchísimo con su propuesta, a la vez que me preguntaba cómo reaccionaban los chicos de primer grado de la escuela Normal ante esta situación de enseñanza.

Cuando fui a observar la primer clase de esas que preparaba con mucha dedicación, ya que se le notaba en la mirada y en el trato que tenía con sus alumnos, me quedé anonadada con su propuesta extraordinaria y me di cuenta que todo es posible cuando se lo propone y se dedica todo a lograr el objetivo que se plantea: que sus alumnos puedan interrogar y producir textos desde la perspectiva no transcriptivista.


Luego de ese encuentro con alumnos de Alejandra, en el que me di cuenta de que personitas tan pequeñas pueden saber mucho más de lo que nos imaginamos, se me aclararon muchas dudas.

Cuando realicé mis prácticas tuve, la posibilidad de poder dar mis clases a partir de supuestos que fui incorporando en mi trayectoria en el profesorado.

Hoy puedo decir que estoy segura de que mi carrera docente se va a sustentar desde este enfoque: “activo reflexivo”, ya que quiero que mis alumnos puedan comunicarse y desenvolverse en la vida cotidiana de manera que puedan encontrar ese punto de conexión entre lo que se enseña y aprende dentro de ella y lo que se vive fuera de ella.

Se que esto me va llevar mucho tiempo de dedicación, que el decir “termino” mis estudios estoy diciendo: “comienzo mi formación docente”, es decir que este nuevo desafío que hoy me planteo requiere más estudio y más esfuerzo y que, muchas veces me va a llevar hasta la profe a consultarle todas mis dudas.

Pero en la educación y la vida cuando se enfrentan las situaciones con el corazón, los resultados que se obtienen fortalecen el alma y le dan fuerzas para seguir.

BIBLIOGRAFÍA

Monzón, Gabriela. Dossier de la cátedra de Lengua III.

López, Diego. “Proyectando el cambio”. www.casidocentes.blogspot.com

1 comentario:

Toño dijo...

y tu conclusion fué... conductista o constructivista? jejjee, saludos.