
Luego del recorrido por las escuelas primarias durante la Residencia, me hice la siguiente pregunta:
¿Los docentes estarán al tanto de lo ignorantes que pueden volver a sus alumnos si continúan con la misma postura a la hora de enseñar Lengua?...
Reflexionando sobre esta cuestión llegué a la conclusión de que los maestros no tienen ni la más mínima idea del daño que les están proporcionando a los niños en el presente, y ni hablar de lo que esto provocará en un futuro. Bastaría con que ellos girasen la vista y mirasen hacia atrás, recordando lo que fue pasar por la escuela primaria leyendo “lecturas” sin el más pálido sentido, decorando renglones y más renglones con la misma letra o con la misma palabra, con la supuesta intención de “corregir” errores ortográficos, escribiendo oraciones sueltas sin propósito alguno, y con el famoso “machaque, machaque” por parte de sus maestros para que los “temas” queden incorporados, obviamente de una manera mecánica y repetitiva, al estilo loritos.
Y luego de realizar dicha mirada a través del tiempo, que fueran capaces de responder cuánto les costó remendar ese error, el que sus docentes cometieron con ellos.
Yo, por mi parte, podría afirmar que aprendí bajo la perspectiva tradicional de enseñanza, pero eso sí, al comenzar el magisterio me costó sudor y lágrimas poder empezar a establecer relaciones entre los distintos contenidos de
Cuando inicié las prácticas y seguidamente
Se continúa alfabetizando desde la perspectiva transcriptivista de
Ahora bien, dejando un poco de lado al docente y centrándome más en el niño, siento la gran necesidad de preguntarme lo siguiente: ¿Y el alumno activo?...
Pero por más que pienso y analizo una y otra vez mi experiencia en las escuelas, debo decir que desgraciadamente no lo pude hallar por esas aulas.
El primer día que debía enseñar Lengua (durante
Recuerdo claramente que un día de observaciones la docente le había prometido al grupo que finalizada la hora de clases de Lengua les repartiría un libro de cuentos a cada uno para llevar a sus casas, los chicos esperaban ansiosos, pero llegado el momento sólo les dio uno a aquellos que habían terminado las actividades, o sea a tres de ellos, el resto quedó mirando cómo esos niños hojeaban alegremente los materiales, muy desilusionados al igual que yo ya que por un instante creí que por fin los alumnos realizarían algo que les interesaba y que los entusiasmaba mucho, y al final no fue así.
No me parece correcto usar la lectura como premio o castigo, debido a que considero que la escuela debería ser la principal promotora de esta, provocando situaciones de comunicación para que el alumno construya sentido y a la vez descubra el verdadero placer de leer. De todas formas no sé por qué no me sorprendió en absoluto la actitud repentina de la maestra, o tal vez sí lo sé, a muchos docentes no les interesa si los niños logran apropiarse realmente de saberes, habilidades, competencias, no se molestan por preparar una buena clase que incluya el desafío intelectual tan necesario al momento de aprender, sino todo lo contrario, lamentablemente las clases de Lengua que se dan en la escuela no demuestran para nada ser desafiantes o interesantes, mucho menos intelectualmente movilizadotas, durante la realización de las actividades no aparecen las etapas de reflexión, sistematización, consolidación y ni mencionar la profundización. Es triste saber que los maestros sólo se preocupan por desarrollar sus clases como todos los días (tan monótonas por cierto), llegar a fin de mes y obtener su sueldo, dejando de lado lo que los alumnos necesitan.
Todo esto me lleva a la conclusión de que si los docentes se animaran a escuchar a los alumnos un poco más y a darles el espacio que realmente se merecen, aprenderían tanto de ellos, pero ahora (como siempre) en la escuela el lema sigue siendo el mismo:
“El docente es el único que sabe”
Bibliografía
Jolibert, Josette. Formar niños lectores de textos. Ed. Dolmen. Santiago de Chile. 1994.
Monzón, Gabriela A. “Aportes para la definición de un marco teórico de un proyecto alfabetizador”.
Lerner, Delia. “¿Es posible leer en la escuela?”. Lectura y vida año XVII, número I, marzo de 1996.
4 comentarios:
Yo creo que hay muchos docentes que creen que el estado les paga para que cumplan horas, confunden sus principios, el docente además de alfabetizar tiene que enseñar a tener la mente abierta, a que sus alumnos tengan criterio propio y para esto nada mejor que hacerlos partícipe en las clases, que muchas de ellas no son doctrinarias, sino claros espacios de debate. Pero lamentablemente, mi querida Gabriela, si no hay vocación...
Ostras, me siento tan identificada. Casi me está tragando el sistema.
Mis alumnos se sientan en grupos, la unica clase de primaria de toda la escuela. Pero me siento mal, no me puedo sentir cómoda entre mis compañeros. No me siento mejor que ellos, pero me contagio de la metodologia tradicional por más que intento aportar innovación, motivación, goze...
http://espaicompartit.blogspot.com/2009/02/una-estona-de-lectura.html
Gracias Pilar, me entristece que tengamos los mismos tropiezos con una institución educativa que se niega a cambiar, pues como bien dice Daro... la vocación es fundamental.
Acompaño tu incomodidad y sé cuánto cuesta el trabajo solitario, ¡coraje!
Voy a andar por tu blog y te escribiré mail...
Daro: un gusto como siempre disfrutar de tus reflexiones tan precisas, tan agudas y tan realistas.
Un abrazo y gracias por comentar
Gaby
Hola Gabriela, me encanta la percepción que tienes de la escuela y de la labor docente, por cierto preocupante para un siglo tan avanzado en tecnología.
La compartí con docentes de la institución educativa donde trabajo como Coordinadora de una jornada: 883 estudiantes y 25 docentes. Ésta institución está en proceso de mejoramiento que sólo se puede lograr con el cambio de mentalidad de los adultos que estamos frente a los procesos de formación integral de niños, niñas y adolescentes.
Qué bueno poder compartir ideas innovadoras para llevarlas al aula.
Un abrazo y felicitaciones por tu blog.
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